reflexiones

Mi experiencia con Al Oeste, en Zapata

30 de mayo de 2026 · Por Luis Sendoya

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Mi experiencia con Al Oeste, en Zapata
Cartel oficial de Al oeste, en Zapata (David Bim, 2025). Ventu Productions — Todos los derechos reservados

Mi columna no encontraba postura en una silla de apariencia cómoda, y el calor ascendente en la sala me obligaba a inhalar profundo cada tanto. Elegí postergar la cena para después de la función, y el cuerpo me lo estaba cobrando. Un martes en la noche, en el Colombo Americano del centro de Medellín, ví Al oeste, en Zapata, un documental dirigido y escrito por David Bim en el 2025. La proyección estuvo acompañada de un cortometraje que, para los fines de este texto, voy a omitir.

Reconocer esa incomodidad corporal importa, porque sospecho que era parte de la invitación de Al oeste, en Zapata: someter al espectador al mismo ambiente que rodea la vida de los personajes. La acción transcurre en el Parque Nacional Ciénaga de Zapata, en la provincia de Matanzas, y sigue a una familia cubana —Landi, Mercedes y su hijo autista— durante la pandemia, en medio de una crisis social en ascenso.

La decisión de rodar en blanco y negro me parece acertada: evita romantizar el paisaje natural y, al mismo tiempo, lo convierte en protagonista y articulador de la historia. La ciénaga es el espacio donde esta familia desarrolla una vida anónima de supervivencia. Es una representación de la esquilmación de la esperanza de una sociedad que lleva más de 7 décadas escribiendo capítulo a capítulo una historia que parece no culminar

La primera parte sigue a Landi internado en el corazón de la ciénaga. Su objetivo es simple: encontrar comida para llevar a casa. No habla, no se queja, solo busca. Las imágenes hablan donde las palabras no alcanzan a transmitir la rudeza del entorno. Lo acompaña un radio despojado de música: solo emite propaganda del régimen comunista. Landi caza cocodrilos. Es un cuerpo más entre los que visitan la ciénaga para sobrevivir. Allí cocina, afina su barba, se baña, y hasta hace amistad con una rata blanca: una necesidad de compañía en lo inhóspito del ambiente.

La segunda parte sigue a Mercedes, que sale desesperada hacia la ciénaga porque han pasado días y su esposo no regresa. Aquí la vida transcurre en una casa tranquila, en planos que dejan ver una familia unida en torno al niño. Ella mientras corta las uñas, como si estuviera detenida en el tiempo, tararea la icónica la de la Mochila Azul de Pedro Fernandez. De fondo, se ve la televisión encendida que muestra al presidente Miguel Diaz Canel hablando de la emergencia sanitaria.

En el documental se logra apreciar el parque natural y su belleza, pero también obliga a incomodarse, a ver lo otro: lo que está mal, lo difícil de aceptar. Esa doble mirada, sin filtro, es lo que más me marcó. Salí de la sala con la espalda rígida y la respiración corta, preguntándome entre divagaciones, si en mi caso, sería capaz de cazar un cocodrilo como lo hacía frecuentemente Landi para sobrevivir.