reflexiones

¿Cambio propio o ajeno? Izquierda y derecha a debate

25 de abril de 2026 · Por Dora Zuluaga

¿Cambio propio o ajeno? Izquierda y derecha a debate
Dos miradas distintas que, lejos de excluirse, podrían complementarse para construir un mejor país.

En estos días agitados por las inminentes elecciones, no ha dejado de rondar por mi mente una reflexión —o, por qué no, una ocurrencia—: ¿será que en la derecha se ubican principalmente quienes consideran que el cambio se da desde el interior de la persona, desde el individuo, y en la izquierda quienes conciben el cambio desde afuera, desde el colectivismo, desde lo que puedan hacer los otros y el Estado?

Observando, casi sin darme cuenta, a las personas que se ubican en uno u otro espectro —y, sí, lo sostengo con atrevimiento—, consciente de que puedo estar predispuesta por mis propios sesgos, me atrevo a agrupar algunas características de unos y otros; no para criticar ni estigmatizar, sino como un ejercicio de observación.

Por un lado, intuyo que quienes se identifican con la izquierda suelen tener un fuerte sentido de lo social —que, por supuesto, aplaudo, porque tampoco se puede negar que han contribuido a grandes cambios, como también lo ha hecho la derecha—. Sin embargo, muchas veces ese sentido social suele ampararse principalmente en un decreto, una ley, una política pública o cualquier acción que represente la intervención del Estado, desestimando cualquier acción privada que pueda contribuir a reducir las brechas sociales y económicas. Además, da la impresión de que minimizan la posibilidad de agencia particular que sin lugar a dudas contribuye a los cambios que reclaman.

Por otro lado, intuyo y observó que quienes se identifican con la derecha parecen mostrar un mayor compromiso con la responsabilidad individual: sostienen el cambio desde sus propias decisiones diarias y asumen, casi de forma implícita, que todo comienza por casa. Toman el control de su vida y no se justifican en el político de turno ni en causas externas para explicar sus condiciones actuales; más bien, exaltan el esfuerzo inteligente como motor de movilidad social. Incluso en lo cotidiano —aunque pueda parecer un detalle menor— cuidan más su aspecto personal y cultivan una buena autoestima y a pesar de las injusticias y la pobreza, adoptan una actitud orientada a la mejora, aun cuando el camino no es fácil —en realidad, no lo es para nadie— pero tienen claro que la actitud que toman frente a las problemáticas sociales, las injusticias, a la pobreza contribuyen a un mundo mejor o peor. Además, se asumen como dueños de sí mismos, por lo que no esperan que el gobierno de turno traiga la salvación o por lo menos es muy poco lo que esperan de este.

Ahora bien, no se trata de calificar como bueno o malo a uno u otro espectro, sino de comprender que ambos son dos caras de una misma moneda: no se excluyen, se complementan. Aunque proponen caminos distintos y soluciones opuestas, en el fondo apuntan hacia un mismo propósito, y ambos contienen una parte de la verdad.

Entonces, ¿por qué no buscar los puntos en común para impulsar al país hacia adelante, en lugar de hundirlo en el atraso mediante ideologías rígidas y disputas interminables que difícilmente conducen a una solución?