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La solidaridad como política para cerrar brechas sociales

29 de marzo de 2026 · Por Dora Zuluaga

La solidaridad como política para cerrar brechas sociales
No importa la teoría, sino cuánto logramos, como sociedad, cerrar las brechas sociales y económicas.

Uno de los temas que más fibras toca es la pobreza, y todas las orillas políticas fijan su postura para combatirla, desde dar más subsidios hasta implementar políticas de libre mercado. Todos teorizan sobre su perspectiva y buscan, de manera técnica y sistemática, construir su propio relato.

Sin embargo, en medio de tantos enfoques, lo práctico suele quedar en segundo plano. ¿Qué se puede hacer realmente, más allá del discurso? A mí me gustaría hablar más desde lo práctico, conjugando lo que puede hacer el Estado en unidad con la sociedad civil. Por eso se me ocurrió plantearle al nuevo presidente una política pública de solidaridad y colaboración social.

Porque, claramente, el Estado no es generador de riqueza, ni la sociedad civil tiene los incentivos claros. ¿Y qué mejor que ambos se articulen para construir un país más próspero y con mayores oportunidades? En efecto, el Estado, por muy grande que sea, no puede responder a las necesidades particulares de cada individuo; en cambio, las empresas sí tienen esa cercanía: conocen a las personas, sus historias, su esfuerzo y su potencial. Ahí es donde realmente ocurre la transformación.

Mi propuesta es que el Estado incentive la solidaridad en los empresarios. ¿Cómo así? Que apoyen a personas dentro de sus organizaciones a escalar —personas con disciplina, con berraquera, que no le tengan miedo al esfuerzo, con hambre de progreso— y que, a cambio, ese esfuerzo se traduzca en beneficios tributarios. Esto no es algo nuevo, ni mucho menos que los empresarios no lo estén haciendo. Por el contrario, muchos ya contribuyen activamente al crecimiento de su gente. Sin embargo, ese esfuerzo hoy no recibe una retribución clara por parte del Estado. Y es precisamente por eso que debería reconocerse: porque están ayudando a cerrar brechas sociales y económicas desde adentro, generando oportunidades reales.

Ese impacto no solo merece reconocimiento, sino también un incentivo concreto que lleve a la mayor cantidad de empresarios a un círculo virtuoso, donde apoyen al Estado, se vean beneficiados y contribuyan a que los más desfavorecidos encuentren mejores oportunidades de movilidad social.

Porque, al final, no importa la teoría, sino cuánto logramos, como sociedad, cerrar las brechas sociales y económicas.