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Descuido

24 de mayo de 2026 · Por Luis Sendoya

Descuido
Arrastras una y otra vez una vida por sendas que ya conoces.

Arrastras una y otra vez una vida por sendas que ya conoces. Entonces algo surge —algo que no estaba allí— y tropiezas. Tras un momento de ensoñación inducida, despiertas en un entorno ajeno a la extenuante cotidianidad. La mirada se agudiza al no comprender. El corazón, poseído por el éxtasis, urge abandonar el cuerpo. El estómago se vacía. Los poros se dilatan. Las fibras se contraen en desconsuelo mientras las vértebras se desencajan. De repente te ves, sujetado por una fuerza que no tiene nombre, en medio de una grieta que se abre. Aquella franja creciente embelesa las piernas, las detiene. El calor del viento cesa. Escuchas el colapso de la roca. El peso somete al cuerpo. Te resistes a despertar. A volver. Te sientes caer una y otra vez. El vacío congela los nervios y satura las fosas nasales. Eliges caer de espaldas para no ser testigo del estruendo. Mientras te acercas al fondo, la mente se intoxica con imágenes. Anhelos frustrados. Suspiras, entrecierras los ojos y el reloj se detiene.