creaciones

Un sábado en la tarde

17 de abril de 2026 · Por Luis Sendoya

Un sábado en la tarde
Escribo bajo la amenaza del aburrimiento: esa sensación que te asalta un sábado por la tarde.

Hoy escribo en contra de mi voluntad. Reconozco que soy quien escribe, pero ignoro qué emerge de la densidad de mis ideas.

Escribo bajo la amenaza del aburrimiento: esa sensación que te asalta un sábado por la tarde, después de una semana cargada de trabajo, del calor flagelante, lo exasperante del sudor, el peso de las cosas y su resistencia a ser movidas. El dolor en las muñecas, el ardor en la boca del estómago, el agua tibia perturbada por el sofoco de viejas tejas de zinc.

Esto no es especial. Nada diferente a lo cotidiano: un ser que lo intenta a menudo y fracasa con frecuencia. ¿Y qué hay en fracasar? La vida pasa y se aprende a convivir con ello. Se acumula dolor en las vértebras. Se maquilla la desesperación.

Pero no importa, porque no busco que me importe —lo evito. Es así como llega la noche con su premura de cambiar de máscara, de encajar, de perseguir la forma. Lo fantástico mediado por lo rígido. Continuar. Pensar qué hacer con el día libre que pronto terminará. Algo tranquilo, nada intenso. Buscar la cura para la indigestión del alma.

Mi diagnóstico: intolerancia a mi vida real. Aunque, ¿qué hay de real en mi vida? Soy real porque tengo un nombre y una cuenta bancaria. Pero lo real no es lo que siento —tal vez solo lo imagino. Nutro mi existencia de una ficción necesaria que me permita salir expulsado hacia otras latitudes: sentirme en otro contexto, sin libreto, impulsado por el deseo y frenado por mis circunstancias.

He aquí a quien busca consuelo en el sueño y esperanza en el trabajo físico, porque hundirse en la ensoñación es, también, una forma de seguir.